Por si te olvidas de mi...

domingo, 13 de abril de 2008

El limitadorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr,.... no, el CHULETÓN.




El fin de semana pasado tuve la oportunidad de conocer el limitadorrrrrrr, un invento revolucionario que está generando adeptos por donde pasa, me refiero a un dispositivo del demonio que llevan los coches modernos compinchados con la guardia civil, de tal modo que nos jode la vida al conductor porqué no te deja correr más de lo permitido, un cacharro que a mi amigo, el que conducía le tuvo abducido todo el fin de semana....Eso y el chuletón...pero eso fue más adelante.

Con la buena excusa de ir a visitar a mis padres a esa bella ciudad de León, nos pasamos un fin de semana estupendo, con un sol primaveral genial, y donde tuvimos tiempo para todo, pero sobre todo para comer.

Hubo, además del limitador dos grandes protagonistas esos días, uno fue la Casa Museo de Sierra-Pambley. Gracias a los contactos de mi amiga tuvimos la oportunidad de conocer el museo casi a puerta cerrada y que durante dos horas nos explicaran cada esquina de la casa y de la fundación que allí se ha creado, en ese espacio privilegiado frente a la entrada principal de la fachada de la Catedral. La historia se remonta a la familia Fernandez Blanco y a su unión con los Sierra-Pambley, pero la historia de esta casa y de su elenco cultural se debe a Segismundo, uno de los tres hijos de la unión de los apellidos antes mencionados. Tuvo la idea de alzar o restaurar un edificio ya existente a principios del siglo XX con la idea de crear allí un hogar para su esperado compromiso con su sobrina Victorina. Como tal suceso nunca llegó a producirse, decidió mantener ese hogar como estancia temporal en León, pues Segundo, por sus actividades sociales abundantes, estaba más tiempo en Madrid y en el extranjero, que en León la tierra que le vio nacer. Y así vemos hoy una casa -museo preciosa, avanzadísima para su tiempo, pues Segundo la dotó de los más grandes avances, continuándolo sus predecesores, quienes añadieron luz eléctrica y otros adelantos de su época. Aunque pueda parecernos atrasada en su aspecto, debemos considerar que en aquellos años y en León aquella casa suponía la edificación más ostentosa y avanzada de la ciudad. Verdaderos privilegiados se considerarían aquellos que pudieron visitar o acudir a algún evento allí celebrado.



La casa de tres plantas, y una cuarta hoy utilizada como almacén, era en su primer momento rústica, como se aprecia en una de las salas, con la intención de que el visitante vea su estado original, y que luego pueda admirar los cambios a los que se le sometió para alcanzar el aspecto actual. Comienza el recorrido desde el segundo piso, donde predominan las habitaciones de la vida intima, con una primera sala donde nos presenta a la familia y a sus componentes, el hermano militar, el hermano bohemio, etc. Y a partir de ahí podemos ver un bello comedor familiar con su vajilla de sargadelos completa, se pasa al tocador, con pastillas de jabón conservadas de la época, la alcoba matrimonial con toda su ropa de vestir impecable, el despacho con un belleza de silla giratoria, la especial sala de música, con un piano sorprendente, el gabinete, con sus cortinas originales y parte de sus papeles murales, para deleite del visitante; varias alcobas le siguen para finalizar en una sala donde se nos muestra las infraestructuras domésticas de la época, sorprendentes todas ellas. Así se da paso a la primera planta, o zona más social, comenzando con un despacho completo, escribanía perfecta, y unas vitrinas donde vemos los utensilios de escritorio, el gusto por las armas más diversas (el bastón-sable o el bastón-rifle, son una maravilla) junto a una sección de medicina y uso del tabaco de los más original, donde se pone de manifiesto el carácter intelectual avanzado de sus propietarios preocupados, en aquellos entonces por la Homeopatía. Del despacho se pasa a un aseo completo, a un dormitorio, y así a la biblioteca, y finalmente desemboca en, a mi parecer, la sala más especial de la casa, la sala de Juego. Esta sala es en si misma una delicia, una gran mesa de billar protagoniza su espacio, acompañada de una mesa con naipes, donde las caricaturas de las cartas de índole republicana no deben dejar de apreciarse, y algunos juegos chinescos de lo más originales. Y tras ella varias salas de descanso, como la de fumar, el comedor principal y otras salitas, bellamente tapizadas, empapeladas y cuidadas hasta el mínimo detalle, todo aquello que el tiempo ha permitido dejarnos. Decir de ambas plantas que el resultado del trabajo allí realizado por los profesionales se deja ver en cada rincón, pues es evidente que la mano de especialistas ha estado presentes para proporcionar un resultado óptimo, que te deja con ganas de más.



Finalmente queda por visitar la planta baja, donde han decidido colocar, aprovechando el amplio espacio existente la fundación y la biblioteca. Parece ser que esta familia no solo se preocupó por al vida intelectual o social más allá de León, sino que también se inclinó en ayudar a sus paisanos, así creó junto a otros intelectuales de la época como Cosió, Azcarate o Gines de los Ríos, la Institución libre de enseñanza, con varias sedes en la provincia. Siendo cada una de ellas especialista en diversos oficios relacionados con los recursos de la zona. Por ello está de la ciudad se dedicó a la herrería y a la carpintería. Y en unas salas amplias y adaptadas, podemos ver como, cuando y donde realizaban estos estudios los leoneses, que les permitían además tener un oficio con el que ganarse la vida. Un verdadero ejemplo de compromiso y convivencia. En resumen una belleza en el centro de León, y desde aquí animo a todos a visitarla, y sobre todo a admirar las formas de vida pasadas. Y también aprovecho a dar las gracias a aquellas personas que por su interés hacia el ayer, han hecho posible que otros podamos admirar aquellos retazos del pasado, que por su propia esencia se pierden en el transcurso de los años.

Curiosamente y avanzando en este fin de semana, comentando con mis padres todo aquello que nos habían contado en el museo, descubrí que un tío abuelo mío, llamado Manuel Alonso estudió y trabajó en la fundación de la capital como carpintero, llegando, incluso , a ser profesor de allí. Que pequeñito es el mundo pon dios…

Pero prosigamos en ese fin de semana que dio para mas…el segundo o tercer protagonista fue el chuletón. Todo aquel amigo que no sepa de que hablo es que hace años que no me ve u está sordo. Hace al menos dos años un primo mío nos descubrió un sitio donde ponen el chuletón más bestia que he visto en mi vida, y sino vean la foto y valoren ustedes mismos. Pues para allá que fuimos a romper el mito, el restaurante se llama El Pradillo y está en un pueblo de las afueras de León, más bien feúcho, Arcahuela.



Pero en este restaurante sin pretensiones puedes deleitar una comida espectacular, con una calidad fantástica y con un precio aun mejor, en fin de 5 estrellas. Allí es donde el hombre se siente más cerca de cromañon, o de Pedro Picapiedra…ahora es para probarlo porqué está riquisimo, abstenerse vegetarianos, aquello puede provocar paros cardiacos, al que lo ve y al que lo come.



Y el fin de semana aun dio para más, tarde de tomar el sol, cena de cortitos y tapas en el humedo, y domingo de mercadillo y buena comida….
Eso es todo, espero que os hayan entrado ganas de visitar León, por primera vez o para ver aquello que os ha quedado en el tintero. Que parece que esta pequeña ciudad cada día tiene más cosas por enseñar….en breve seguiremos con el capitulo del nuevo Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas…pero ya será otro mes.