lunes, 28 de noviembre de 2011

Hoy toca un relato.




Por fin ha oscurecido, menos mal que hace poco que se instaló entre nosotros el otoño y nuestros días son más cortos. En esta zona de la ciudad las horas de luz y calor no ayudan, pues el olor, en muchas ocasiones se hace insoportable. Hace al menos medía hora que tengo los huesos entumecidos, y se me está clavando los maderos de este maldito cubículo, pero imagino que así se sentirán todos mis vecinos.
Tuve demasiada mala suerte al elegir el lugar en el que actualmente vivo, yo antes era policía, de barrio, pero policía. Y aunque fuera un sitio pequeño también me creé enemigos, pues tarde o temprano acabas arrestando algún delincuente rencoroso. Y eso es lo que me ha pasado, cuento entre mis vecinos con algún que otro enemigo pasado que ahora necesita rendirme cuentas, o al menos las expresiones de los rostros denotan su necesidad de venganza. Lo que hace que mi estancia aquí, sea si cabe más penosa.
Hoy no es mi día de suerte nada más salir mi píe se ha enganchado con unas raíces, y del traspiés casi pierdo la cabeza, no soporto estar tan débil, pero no es algo que yo pueda remediar. Pero dejemos el monologo para algo más tarde, pues como decía, ya anocheció, y necesito mover un poco mi viejo esqueleto.

Mi vecina de la derecha es una mujer joven, muy agradable aunque algo depresiva, siempre está pensando en lo peor, y todo porque hace unos años tuvo una larga enfermedad derivada de un golpe en la cabeza causado por el ángulo de un cuadro de metraquilato que se le cayó encima mientras limpiaba. No hago más que explicarla que fue mala suerte, nada más y que ahora deberá afrontar el futuro con más tranquilidad pues le queda mucho tiempo por delante, pero parece que se ha quedado estancada en ese momento y no es capaz de avanzar. Aun así es una buena vecina, molesta poco, y cuando se olvida de su mala fortuna mantiene interesantes conversaciones.
No puedo decir lo mismo del inquilino de la izquierda, este pertenece al grupo que os comentaba antes, un delincuente de poca monta al que arresté cuando era joven, que la vida no trató muy bien, y que me acusa de haber descarrilado el tren de su vida, como sí traficar con drogas, robar en tiendas y atracar en oscuros callejones, fuera algo que provoqué yo. Pero todos sabéis que la policía siempre ha estado muy mal vista en algunos sectores, y mucho más si ese policía te tuvo cinco años entre rejas.
Y este no es el único, Martín, el que vive en la esquina no puede ni verme, intento no cruzarme en su camino, pues mi cabeza acabaría rodando seguro, a ese por asesinato lo metí 25 años en la cárcel, obligó a su jefe a matarse mientras lo grababa y luego lo infiltró en el cumpleaños de su nieta cuando creían que iban a visionar un video de la pequeña de bebe. Como entenderéis no es que me sienta culpable de haberle arrestado, lo haría mil veces, y lo triste es que en aquellos entonces la pena de muerte no estuviera aun aceptada, ahora otro gallo cantaría. Pero esta hablando por mi boca la ira y la rabia provocada por tantas y tantas injusticias vistas, llevo ya algunos meses controlando esos ataques, por mi propio bien, y porqué ya no consigo nada con ellos.
Ya he caminado suficiente, y aunque parezca mentira, salgo con muchas ganas de caminar, pero en cuanto he paseado unas horas debo sentarme a descansar, pues mis huesos no lo resisten, ya no estoy en forma, y es que evidentemente tantas horas tumbado no es bueno para nadie.
Vuelvo a mi sitio, despacio, pues tras pasear y charlar un rato con los vecinos la noche ha sido vencida, y se ve en el horizonte un atisbo de claridad que anuncia el día. Recorro mi camino despacio, al menos hoy la noche ha sido tranquila, y aun la temperatura no es demasiado baja, per sobre todo no han comenzado las heladas y las humedades que agarrotan mis huesos impidiéndome salir a pasear.
Uno a uno nos vamos despidiendo, la noche ha sido agradable, vendrán tiempos peores, sin ir más lejos la próxima semana con el día de difuntos, cuando todos salen por las noches, y gritan y no se porqué siempre eligen nuestro barrio para molestar, ese día es imposible salir a ningún sitio, pero hasta descansar se hace difícil, esperemos que este año venga menos gente, aunque dudo que sea así, ya os iré contando.
Por fin he llegado, ahí está mi tapa, es increíble lo mucho que pesa, menos mal que Jimmy me colocó ese resorte que me facilita la apertura, sino mis muñecas ya se habrían soltado. Meto mis huesos en el ataúd y me pongo cómodo pues una larga jornada de lloros, tristezas y malos presagios vuelve a cernirse sobre nosotros, mañana por la noche seguiremos hablando.

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