jueves, 21 de agosto de 2014

Un paseo de diez días por Normadia, Bretaña y Loira. (II)

Día 4: Adiós Normandía- Hola Bretaña
Salida hasta Saint Malo, con parada a café en Avranches.


De Saint Malo luego hablaremos, pero tras dejar los bártulos en el hotel, por cierto maravilloso: Kyriad Saint Malo, a pleno píe de playa (http://www.kyriadsaintmaloplage.com/). 

Visitamos Saint Michel. Bueno hacía calor y siempre eso hace que el turismo se complique, pero la verdad es que lo han organizado bien para el turismo aunque lo pagas. A la llegada, obligatoriamente debes dejar el coche en parking al aire libre pero privado, que cobra12e estés una hora o todo el día, y que si sales no te valdrá para volver. Eso sí, de manera “gratuita” hay lanzaderas que te llevan desde el parking hasta la isla, lógicamente se puede hacer a píe, pero si pega mucho sol se hace durillo. Una vez a los pies de la monumental isla ya sólo puedes caminar. La isla es majestuosa, edificios que mantienen la calma, aunque esté lleno de turistas, guardan el encanto del siglo XV, y tras subir y subir, te quedas sorprendido con un majestuoso monasterio, la primera gran incógnita de ese lugar no son las mareas, la primera gran pregunta es cómo lograron realizar eso allí arriba, parece imposible. En fin, creo que Saint Michel es de esos sitios imprescindibles del mundo que hay que visitar, aunque no esté dentro de las maravillas del mundo.

La tarde tocaba regresar y ver Saint Malo. Caminando desde nuestro hotel, siguiendo la línea de la playa donde pueden verse troncos mejilloneros, se veía a lo lejos la elegante y grandiosa fortaleza de Saint Malo, ciudad de corsarios, metida entre riscos y perfectamente protegida, vivió brillantes años con sus suelos mojados de lluvia y ron. Y ese sentir picaresco aún se siente en el pueblo. Un lugar único, donde eso si llueve a veces.
Día 5.
Se nos acabó el Sol, pero al menos la lluvia respetaba ligeramente nuestros pasos. Nuestra primera parada, aunque se encontraba algo lejana era Essè o Roca de las Hadas, un dolmen datado en el 3000 a.c., una construcción megalítica preciosa, y que me impactó no sé si porqué era la primera que veía o porqué estaba en un lugar privilegiado, pero me resultó extrañamente enigmática.

Ya estábamos muy cerca de Rennes, así que por allí paseamos, una ciudad muy europea en trazos, bonita y sencilla de pasear. Empezábamos a ver turismo español, e incluso las de la oficina de turismo hablaban español, se ve que nos dejamos caer más por aquella zona.

De allí y ya de vuelta paramos en Cambourg, o donde Chateaubrian pasaba sus veranos, y tras ver el pueblo uno entiende porqué. No visitamos el castillo aunque me hubiera encantado, pero era obligatoriamente guiado y eso a mí me cansa.

Y para acabar paramos en Dol de Bretaña, donde dicen estaba la aldea de Asterix y Obelix, un pueblo que guarda sus encantos medievales a la perfección.
Anotación del día, el Café Gourmand una idea maravillosa de postre, donde te ponen un pequeño café y tres o cuatro pequeños postres al lado, una delicia estupenda que te permita degustar varias cosas a la vez.

Día 6
Primera parada Dinan, un pueblo medieval precioso, con un castillo muy recomendable, sus murallas perfectamente conservadas, sus callejuelas, en resumen un pueblo encantador que merece la pena pasear.

De ahí a la costa: Destino Cap Frêhel, un camino precioso entre acantilados, el faro con unas vistas increíbles y colonias y colonias de pájaros que hacen que las vistas sean únicas.

Tuvimos la suerte de encontrar un restaurante muy cerquita del cabo donde degustar una comida eco-tradicional bretona, La Ribote, un lugar muy recomendable, no caro y donde todo estaba rico y sobre todo muy cuidado. Un gran acierto.
Tras está espectacular comida, cogimos rumbo a la Fortaleza La Latte, un paseo para bajar la comida, y una fortaleza en el medio del mar maravillosa, una fortaleza que hoy en día es privada y debe ser alucinante vivir o pasar algunos días viviendo en ella.

Por la tarde, al fin, vimos Saint Malo en todo su esplendor, hacía sol, y era de día, un pueblo precioso y lleno de ambiente, una visita genial.

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